El Salvador ya no cree en – izquierdas y derechas –

Las sociedades latinoamericanas han trascendido la confrontación ideológica; demandan cambios radicales sobre las condiciones de vida y oportunidades de desarrollo en todas sus facetas.

Luego de la segunda guerra mundial, el planeta se dividió en dos bloques; los capitalistas y los socialistas, Estados Unidos y la Unión Soviética; en resumidas cuentas la «derecha» contra la «izquierda». Se desarrollaron enfrentamientos armados en el sudeste asiático, el continente africano y América Latina. Luego de un complejo proceso de desgaste, la denominada Guerra Fría llegó a su final.

No obstante, aquellas sociedades en las que se desarrollaron los conflictos armados quedaron marcadas irreversiblemente. La polarización en las sociedades de estos países generó que los acuerdos de paz firmados en la mayoría de los casos, solo se convirtieran en un acuerdo de transición, de un enfrentamiento armado directo, a un permanente conflicto ideológico-partidario. El Salvador no fue la excepción, el FMLN entró al ruedo político e identificó como su enemigo natural a ARENA.

Poco a poco los partidos de «izquierda» lograron vencer en las urnas y hacerse con el poder. Sobre la base de la confrontación con la «derecha» (que había demostrado ser incapaz de resolver los problemas que aquejaban a las sociedades) los partidos de oposición, progresistas, marxistas, entre otros, se mostraron ante la población como el camino correcto, un camino de justicia social, económica y política.

A pesar de lo anterior, ambas partes alcanzaron consensos y lograron ponerse de acuerdo de modo que se alternaran en el poder y se lucraran a partir de la polarización ideológica. Tal fue el caso de ARENA y el FMLN, partidos aparentemente enemistados

Pero aliados políticos en perjuicio de la sociedad salvadoreña.


Así como los salvadoreños, distintas sociedades latinoamericanas no identificaban mejoras en sus condiciones de vida; pero el aumento en la riqueza y poder de la clase política era innegable. Poco a poco los discursos de confrontación entre la «izquierda» y «derecha» dejaron de tener un sentido lógico para los votantes.
El cambio en la visión de ciudadano y los niveles de exigencia de estos hacia el sistema político y sus principales partidos, ha provocado que América Latina deje de experimentar virajes tradicionales. En la región se identifican grandes movimientos civiles en Chile y Honduras, contra los gobiernos de «derecha» de Piñera y Juán Orlando; al mismo tiempo se desarrollan férreas oposiciones a la «izquierda» venezolana y nicaragüense.

Este fenómeno se debe a que con cada elección que pasaba los partidos políticos tradicionales, tenían menos eco en las nuevas generaciones, aquellas que no tuvieron un contacto directo con la guerra o que estaban demasiado jóvenes como para recordarlas. Ciudadanos a los que poco les interesa quién hizo qué durante la guerra, sino quién hace qué para mejorar sus condiciones de vida.

Las sociedades latinoamericanas han trascendido la confrontación ideológica; demandan cambios radicales sobre las condiciones de vida y oportunidades de desarrollo en todas sus facetas. Esta vez el viraje en la región no es hacia la «izquierda» o «derecha», es hacia nuevos paradigmas, alejados de los conceptos obsoletos del siglo XX; aquellos gobernantes que no logren comprender este proceso, están condenados al fracaso total.